Residuos especiales

De la gran cantidad de residuos que se generan, la mayor parte son inertes, pero hay una pequeña fracción de residuos especiales y peligrosos que hace falta gestionar adecuadamente. Entre estos encontramos el amianto (y los productos que lo contienen como el fibrocemento) o las traviesas de vía.

Por otra parte, hace falta tener presente que cada día aparecen nuevos productos que nos hacen la vida más fácil e incrementan nuestro nivel de vida, pero la velocidad con que todo evoluciona no siempre permite asegurar que todo lo que sale al mercado está lo suficiente desarrollado y probado para asegurar que el impacto que puede tener sobre el medio ambiente y especialmente sobre la salud de las personas es inexistente.

La construcción no es ajena a estas limitaciones que empiezan a afectar principalmente al impacto sobre el medio ambiente, la contaminación local y global, a la calidad del aire interior de los edificios y en algunos casos a la calidad del agua potable. Parece claro que hasta ahora nuestro sector no se ha preocupado demasiado por estos aspectos; la fe redentora en las nuevas tecnologías comporta muchas veces el uso de materiales poco experimentados, de los cuales desconocemos muchas de sus características.

Por eso es por lo que la búsqueda en el campo de la toxicología no se para, y empuja a los países occidentales a legislar para prohibir o limitar el uso de nuevas sustancias, que a menudo pasan de ser materiales utilizados diariamente, a convertirse en tóxicas para el hombre y a convertirse a la vez en residuos peligrosos.

Amianto

El amianto es un silicato mineral en forma de fibras que cuando se inhala puede provocar, a la larga, una enfermedad pulmonar denominada asbestosis y cánceres de pulmón o de pleura. Sus aplicaciones han sido generalmente vinculadas a su excelente comportamiento ante el fuego (protección de estructuras metálicas, aislamiento de focos de calor, calorifugación de cañerías calientes, etc.). Existe un riesgo potencial muy elevado para los trabajadores que lo manipulen sin los mínimos de seguridad (L’Informatiu, 97).

En este sentido, otras fibras, com la de vidrio o la de roca empiezan a ser cuestionadas, aunque parece que su peligrosidad está muy por debajo de la provocada por el amianto.

Consultad el Informe sobre la presencia de amianto en los edificios (2001) y el documento sobre Identificación práctica de amianto en edificios y metodologías de análisis (2003).

Madera tratada con creosota

La creosota es una sustancia utilizada históricamente como protector para madera, principalmente para traviesas de ferrocarril, postes de luz y teléfono, vallas y puentes. Esta madera tratada químicamente se ha reutilizado frecuentemente en parques y jardines o como elemento de construcción.

La creosota es el nombre con que se designan la variedad de unos doscientos compuestos químicos, entre los cuales encontramos el alquitrán mineral, la creosota de madera y la brea de alquitrán de carbón.

Los hidrocarburos aromáticos policíclicos, principales componentes de la creosota, son derivados del benceno, que tienen como principal compuesto el benceno (a) pireno, producto catalogado como peligroso y cancerigeno (la Agencia Internacional para la Búsqueda del Cáncer clasifica esta sustancia como 2A: probable cancerigena para el hombre). Esta es la razón por la cual la creosota queda sujeta a la normativa que limita la comercialización y uso de determinadas sustancias y preparados peligrosos.

La comercialización y uso de sustancias y preparados peligrosos se regula a partir de las siguientes normativas:

  • En el ámbito Europeo la Directiva 2001/90/CE, del 26 de octubre de 2001, por la que se adapta al progreso técnico por séptima vez el anexo I de la Directiva 76/769/CEE y regula específicamente la creosota.
  • A nivel Estatal la Orden PRE/2666/2002, del 25 de octubre de 2002, por la que se modifica el anexo I del Real Decreto 1406/1989 e incorpora el cumplimiento de la Directiva Europea 2001/90/CE a partir del 30 de junio de 2003.

El cumplimiento de esta última Orden representa no comercializar ni utilizar las sustancias que aparecen en la lista que figura en el anexo I, entre los cuales encontramos la creosota, y establece las limitaciones y excepciones para la utilización de este tipo de sustancias peligrosas o preparados que las contengan.

Así, pues, la normativa prohíbe utilizar madera tratada con creosota, ya sea comercializada por primera vez o de segunda mano, en el interior de edificios, juguetes, terrenos de juego, parques, jardines, instalaciones recreativas, muebles de jardín, envases en contacto con materia primera o cultivos, etc., a partir de la fecha establecida. En definitiva todos los usos que se considera pueden tener un elevado riesgo de contacto frecuente con la piel, por sus efectos nocivos para la salud, dejando de lado el efecto que causan sobre el medio ambiente, por la difícil descomposición de algunos de sus componentes.

Como consecuencia de la Orden PRE/2666/2002 el Departamento de Sanidad y Seguridad Social de la Generalitat de Cataluña ha informado a los Ayuntamientos de Cataluña sobre la conveniencia de no adquirir madera tratada con creosota para  parques, jardines y otros tipos de instalación pública.

Esta ley no tiene un carácter retroactivo, por lo que no obliga a desmontar la madera tratada con creosota de los parques, jardines, instalaciones recreativas, etc. realizados con anterioridad al 30 de junio de 2003. Sin embargo algunos ayuntamientos, tienen catalogados los espacios dónde se ha utilizado este tipo de madera para estudiar su sustitución o aislamiento

Plásticos

Aun cuando la mayoría de plásticos se comportan como inertes cuando forman parte de materiales de construcción, algunos son altamente tóxicos en caso de incendio. Este aspecto controlado ya desde la NBE-CPI-81 fue sorprendentemente olvidado por las normas de incendio posteriores. Son un ejemplo: el PVC que emito gases tóxicos y ácido clorhídrico; y las espumas de poliuretano que pueden emitir compuestos con cianuro.

Materiales radioactivos

Este tipo de detectores de fuego, a menudo están presentes en la mayoría de edificios públicos, docentes, hospitales y oficinas. Según datos de un informe del CSN presentado en el Senado, sólo en seis meses de 1998 se instalaron en el Estado español 198.000 detectores iónicos.

A pesar de que la radiactividad de este tipo de productos en principio no es problemática, siempre existe el riesgo latente que en un accidente, como puede ser un incendio, los isótopos radiactivos se mezclen con el aire. Este hecho puede provocar un riesgo de contaminación radiactiva elevada, tanto para la salud humana como para el medio ambiente.

Básicamente, estos detectores están fabricados con Americio 241. Este elemento tiene una actividad por debajo de 0,09 microcurios, o 33,3 kbq (kilobequereles). Las emisiones radiactivas que emiten son de tipo alfa (pesadas) y, su intensidad hace que a 5 centímetros de la fuente pierdan la suficiente potencia como para dejar de ser perjudiciales para la salud. También emiten partículas gamma que son despreciables. En los casos de detectores muy antiguos los hay con Radio 226.

La manera de proceder en el caso de tener que retirar este tipo de detectores en un derribo o rehabilitación, será la siguiente:

En primer lugar, se debe mirar la marca y ponerse en contacto con el comerciante y devolverlo.

  • Puede ser que no tenga marca. En este caso, si es más o menos actual deberá de tener una contraseña de homologación otorgada por el Estado. A partir de este dato se puede encontrar el comerciante o el distribuidor del producto en el Estado español.
  • Puede suceder que el detector sea anterior al proceso de homologación. En consecuencia, no habrá forma posible de contactar con el comerciante. En este caso, se debería solicitar a ENRESA su retirada. Para su retirada puede pedirse una autorización de transferencia, en el caso de Cataluña se puede realizar a través del Departamento de Industria, Comercio y Turismo. La problemática es que ENRESA habitualmente espera a tener un cargamento más o menos importante para efectuar su retirada. Eso significa que entre que se solicita su retirada hasta que vienen a recogerlo, pueden pasar de dos a tres meses.

En lo que se refiere a su manipulación, en principio, no hay ningún tipo de problema para retirarlos manualmente y almacenarlos, siempre y cuando no se rompan ni se afecte la integridad de la carcasa. Si fuera de extrema necesidad manipular elementos que estuviesen dañados, se procederá con extrema precaución protegiéndose con guantes de plástico, que se extraerán quedándose el exterior hacia el interior (para no tocar ningún residuo radiactivo), igual que haría un cirujano para quitarse los guantes. Posteriormente se puede guardar todo dentro de una bolsa de plástico.

Es importante saber que en el caso de que sea el distribuidor o comerciante quien venga a recoger el detector, este elemento radiactivo seguramente será ‘reciclado’ para poderse reutilizar. En cambio, en el caso de que sea ENRESA quien se encargue, en principio (aunque nunca se tiene la completa seguridad de que pueda ser vendido o transferido con posterioridad), este producto pasará a su sede de almacenamiento en Almería. Una curiosidad: muchos de los detectores que están colocados o que se colocan nuevos, contienen material radiactivo procedente del reciclaje de los pararrayos radiactivos (actualmente casi todos retirados).

Finalmente, debe saberse que los detectores iónicos siempre pueden ser sustituidos por otro tipo menos nocivo, como puede ser el caso de los detectores ópticos o los termovelocimétricos.

PCB

Gracias a la inimflamabilidad y a las propiedades dieléctricas (aislantes) que tienen los PCBs se han empleado en numerosas aplicaciones, muchas de las cuales son presentes en nuestros edificios y viviendas. Los transformadores y condensadores eléctricos son un ejemplo. Está demostrado que sometidos a temperaturas superiores a los 350ºC (que pueden alcanzar fácilmente en caso de incendio) se transforman en un producto altamente tóxico, desprendiendo gases peligrosos como dioxinas.

La existencia de PCB, debido a sus propiedades dieléctricas (aislantes) y ininflamables, está presente en muchos transformadores y condensadores eléctricos, a menudo presentes en los edificios. A pesar de todo, se ha demostrado que los PCB si están sometidos a temperaturas superiores a los 350ºC (que pueden alcanzar fácilmente en caso de incendio en las proximidades) se transforma en un producto altamente tóxico, desprendiendo gases peligrosos como la dioxina.

Cabe constatar que los compuestos de PCB no son biodegradables y, por lo tanto, la contaminación persiste prácticamente de forma indefinida, acumulándose en el medio ambiente. Y aunque su solubilidad en agua sea baja pueden permanecer indefinidamente en los ríos y mares, contaminando su hábitat y fauna.

Así pues, en 1996 la Comisión Europea impulsó la Directiva 96/59/CE relativa a la eliminación de los PCB, a causa de los altos riesgos que presentan para el medio ambiente y la salud humana.

Esta Directiva obliga a realizar, en cada Estado miembro, un inventario de todos aquellos aparatos que contengan un volumen de PCB superior a 5 dm3. Este inventario, que en un principio tenía que estar listo en el plazo máximo de tres años, debe servir para que cada país elabore un plan propio para la descontaminación y eliminación de los PCB, dentro del plazo que va de 2001 a finales de 2010. Así como un proyecto de recogida y posterior eliminación del resto de aparatos no inventariados.

Siguiendo las pautas marcadas por la Directiva europea, el Gobierno central aprobó, el 18 de Abril de 2001, el Plan correspondiente. En este Plan se dictamina incluir en el inventario los aparatos de hasta 1 dm3. A la vez que determina que son las Comunidades Autónomas quienes deben realizar anualmente el inventario. Y a la vez, realizarán planes de descontaminación y eliminación propios , revisables cada cuatro años, que deberían haber remitido antes del 31 de Agosto de 2001. La confección del inventario contempla dos apartados: cantidades existentes de PCB y aparatos que los contienen, cantidades existentes de aceites dieléctricos contaminados con PCB y de aparatos que los contienen.

El Plan fija los siguientes objetivos:

  • Descontaminación o eliminación de transformadores, así como del resto de aparatos, con un volumen de PCB superior a 5 dm3; y eliminación de los PCB contenidos en los mismos, antes del 1 de Enero de 2011.
  • Los transformadores, con una concentración entre 50 y 500 ppm en peso de PCB, se podrán mantener hasta el final de su vida útil; y posteriormente eliminados o descontaminados.
  • Recogida y posterior descontaminación o eliminación de todos los aparatos con un volumen de PCB entre 1 y 5 dm3; y, en la medida de lo posible, los que contengan menos de 1 dm3.

Las limitaciones impuestas a su comercialización y uso dejan sin aplicación la posibilidad de reutilizar o reciclar los PCB. De esta forma, la única opción válida es la de su eliminación, priorizando la incineración cuando se realicen con aprovechamiento de su energía. En la eliminación por incineración será necesario tratar los gases, para eliminar el cloro, antes de vertirlos a la atmósfera. En el caso de los aparatos contaminados por PCB se puede llevar a término la reutilización de los mismos, con un proceso previo de descontaminación.