Aislar los edificios (II)
Posted in Energía, Materiales on December 8th, 2011 by jordi – S el primero en comentar
En el capítulo anterior veíamos como aislar las fachadas de los edificios desde un punto de vista más bien teórico. Ahora tenemos la oportunidad de comentar con Josep Linares, de la Agència de l’Habitatge de Catalunya, cuáles son las mejores estrategias de aislamiento de fachadas y cuáles son las soluciones constructivas más utilizadas. Analizaremos cómo se han enfocado los proyectos de rehabilitación energética del barrio El Verdum de Barcelona y Can Jofresa de Terrassa. También veremos soluciones que se adoptan en otros países para conseguir reducir al máximo los puentes térmicos de las fachadas.

Hay muchas razones para justificar la mejora del aislamiento de los edificios. Sin embargo, a menudo se sigue viendo como una actuación cara y difícil de amortizar en comparación a la mejora de los sistemas activos de climatización. Para valorar correctamente la conveniencia de mejorar el aislamiento de un edificio hay que tener en cuenta la oportunidad (aprovechar una rehabilitación de fachada o cubierta para la actuación) y el plazo. Si se hacen actuaciones a largo plazo, aislar el edificio es una de las primeras opciones, ya que lo primero que hay que hacer es reducir la demanda y luego mejorar la forma de satisfacer esta demanda. Hacerlo al revés implica invertir en unos sistemas activos preparados para una demanda elevada, y si posteriormente reducimos la demanda con actuaciones pasivas tendremos unos sistemas activos sobredimensionados.
A la hora de elegir un material para aislar un edificio, es importante conocer su capacidad de aislar, pero también es importante saber qué implica su fabricación. Diferentes aislamientos tienen diferentes impactos ambientales, y es importante conocer esta información para no caer en el error de pensar que cualquier forma de aislar es igual de buena para el medio ambiente.
Las ventanas que seleccionamos para la construcción o rehabilitación de un edificio condicionarán mucho la demanda energética del edificio. Por lo tanto cuando valoramos su precio hay que pensar también en el retorno de la inversión en ahorro energético.
Es habitual diferenciar las pinturas entre “normales” y “ecológicas”, pero la realidad es que esta diferenciación es demasiado simplista y provoca una cierta confusión. Hay varios tipos de pinturas, cada uno con sus ventajas e inconvenientes, y la mejor manera de preservar el medio ambiente y la salud de las personas es conocer la pintura más adecuada para cada caso.
En los climas cálidos es muy importante controlar adecuadamente la radiación solar que incide en los edificios. Los toldos son elementos ligeros y versátiles que, bien utilizados, pueden suponer un gran ahorro en la climatización del edificio.
La industrialización se caracteriza por trasladar la mayor parte del proceso constructivo a una fábrica. Los módulos tridimensionales de la edificación industrializada se construyen en una cadena de montaje, lo que representa más seguridad para los trabajadores y muchas ventajas organizativas.
Cuando se habla del impacto ambiental de un edificio de nueva construcción, o de una rehabilitación, normalmente se dan valores sobre su funcionamiento. Es más habitual ver afirmaciones tipo “este edificio consumirá un 30% menos de energía que uno convencional” que no datos sobre los impactos de la construcción en sí, aunque sabemos que estos impactos son relevantes. La razón es que resulta mucho más fácil medir el uso que la construcción. Los distintos productos que componen un edificio provienen de distintas empresas, que a su vez fabrican sus productos a partir de otros subproductos y materias primas que provienen de otras empresas. Hacer el seguimiento de, por ejemplo, el consumo de energía necesario para fabricar un producto es complejo.
Las etiquetas ecológicas, o ecoetiquetas, son sistemas voluntarios de calificación ambiental que certifican que un producto determinado es más respectuoso con el medio ambiente que la mayoría de su categoría.
La flexibilidad de uso que permita un edificio condicionará la cantidad de remodelaciones que deberá sufrir a lo largo de su vida útil. Si un edificio, como el Geroges Pompidou, permite hacer cambios de actividad sin prácticamente tener que hacer obras, las posibilidades de que quede obsoleto a nivel de uso serán muy pequeñas.


